Pensar con los sentidos: un relato de experiencia

maxresdefaultMateo es un ser muy alegre y cariñoso, tiene hipoacusia.

Trabajo acompañándolo  en su trayecto  por 6 º grado. Le ayudo con algunas tareas, con ciertos registros de situaciones en el aula, y cada vez que puedo, lo incentivo a reflexionar, a investigar y a  pensar juntos sobre algún tema que esté trabajando con su maestra.

Asistir al taller de Filosofía para niños, sin duda fue para mí, una puerta que me invito a pensar y observar desde otro lugar. En una de las actividades, Gloria y Vicky nos propusieron un juego sobre los sentidos que nos llevó a  detenernos allí,  desnaturalizar  y analizar cuestiones que parecía teníamos muy incorporadas, sobre cómo “algo” debería ser. Fue allí cuando recordé que con Mateo también estábamos aprendiendo sobre los sentidos, con el material del libro de  clase. Pensé que era una pena no aprovechar la experiencia de Mateo con los sentidos y el uso que él hace de ellos para trabajar en el aula. Se lo comenté a  Laura, la mama de Mateo y entonces surgió……. ¿Qué tal si preparamos algo para contarle al grupo sobre el implante de Mateo y  sobre su forma de escuchar?

Sobre ese gran día es este relato.

Con el apoyo y predisposición de las maestras, con la presencia y participación de Pablo y Laura, papas de Mateo, y con las ganas de él mismo de contar su experiencia a sus amigos, es que planeamos la clase para un jueves. La propuesta fue tan interesante que las maestras sugirieron juntar a los dos cursos para disfrutar todos de esa actividad. Buscamos un video hermoso sobre Pedro, un chico sordo que nos enseñó sobre las barreras de la comunicación y la importancia de la integración. Propuse otro video sobre una niña no vidente que nos mostraron en el taller Gloria y Vicky, y que tanto me había gustado. Eso nos dio la oportunidad de mostrar cómo otros conocen el mundo según sus sentidos. Laura nos acompañó y pudo aportar sus experiencias con Mateo: sobre sus primeras escuchas luego del implante, sobre como aprendió a identificar  cada sonido que escuchaba, acompañando el sonido con gestos que ayudaban a Mateo a comprender. Los chicos nos llenaron de preguntas, estaban curiosos, interesados y de a poco empezaron a mirar a Mateo desde otro lugar. Creo que su compañero, aquel que puede hablar más o menos claro y a veces no escucha algún chiste o algo que la maestra dijo en clase, ya era otro Mateo. Uno que nació sin escuchar y que gracias a un implante hoy escucha de un oído. Un Mateo valiente que aprendió a conocer el mundo de otra manera. Se encontraron con un lado de él que no conocían y que los acerco muchísimo. Hoy valoran todo lo que Mateo nos puede enseñar.

El resultado y alcance de ese día fue inmediato. Por un lado, en cuanto a la satisfacción y la alegría de haberlo vivido y de aprender junto a los chicos todas las enseñanzas que esta actividad permitió incorporar. Las repercusiones surgieron enseguida en el grupo, que saludó a Mateo con otros ojos, que valoró a su compañero y que hizo extensiva tan hermosa experiencia a sus familias, muchas de las cuales acercaron un mensaje a la familia de Mateo agradeciendo el alcance de la actividad y la reflexión que a todos nos había dejado.

Me sentí feliz, por Mateo, que se iba con una sonrisa abrazado a su mamá, por las maestras que nos dieron tiempo y espacio y la mejor predisposición para trabajar ese día. A Gloria, que se emocionó conmigo y al taller de filosofía para niños, por  transmitirme la importancia de animarse a pensar y a preguntar.

 

Rosario Masid
Neuquén, Agosto de 2016